domingo, 7 de abril de 2013

Creando cuentos II

Seguimos contando cuentos; esta vez teníamos que escoger entre tres frases, la escogida sería el comienzo de nuestro cuento, el mío comienza así .....

Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque; cierto día, dando su paseo diario, cambió de camino y se adentró en la oscuridad; aquel al que llamaban el " Bosque de las Almas Perdidas", quien entraba allí nunca más veía la luz.

El príncipe decidido entró y se encontró con Sombrerete, un conejo blanco que llevaba una corbata verde y un sombrero negro; el conejo le interrumpió el paso diciéndole: - Buenos días, querido príncipe, ¿qué se le ha perdido por aquí?, a lo que este le contestó: - Buenos días; perderme nada, simplemente he cambiado mi rutina diaria.

Sombrerete insistió de nuevo: - Querido príncipe, sabe usted que no debería de estar aquí o ¿ es qué quiere ser un alma perdida?. El príncipe, valiente y decidido, interrumpió al conejo y prosiguió su paseo. Sombrerete gritó a lo lejos: - ¡En él te has metido y de él no saldrás!-. El príncipe no pensó en sus palabras, él estaba dispuesto a continuar y salir de allí vivito como un colibrí.

El príncipe no sabía lo que se le venía encima; primeramente un grupo de avispas del tamaño de una pelota de fútbol aparecieron con sus enormes aguijones intentando picarle, pero este con su espada cortó los aguijones y las avispas se convirtieron en pelotas de fútbol; seguidamente tres enormes plantas carnívoras aparecieron intentándose comer al príncipe, pero una vez más valiente y rápido cortó sus hojas haciéndolas trocitos y las plantas se convirtieron en confeti que se esparció por todo el bosque.

El príncipe creía que todo lo malo ya había pasado, pues por fin había visto un claro de luz, hasta que un gran ogro emergió de un estanque de barro; el príncipe no se lo pensó dos veces y veloz cogió su espada; pero esta vez el ogro era indestructible, su espada no le hacía nada, el príncipe se rindió, ya no podía hacer anda, el ogro era demasiado fuerte.

El príncipe cerró los ojos y esperó a que el ogro lo cogiera, pero el ogro se sentó en el suelo y comenzó a llorar, el príncipe se quedó sorprendido no se lo podía creer, entonces decidió hablar con el ogro:

- Mmm, buenos días ¿qué te pasa?

- Buenos días, majestad; es que yo ya no quiero ser malo, ni cruel... todos me tiene miedo y nadie quiere pasar por este lado del bosque.

- Claro, comprenderás que nadie quiere ser devorado por un ogro,

- Lo sé, majestad; pero llevo aquí cincuenta años; me perdí mientras iba al País de los ogros y ahora no sé salir, además los humanos estáis verdaderamente deliciosos.

- Haremos una cosa, yo te ayudaré a salir de aquí para que puedas ir al País de los ogros; pero tendrás que hacer desaparecer este lado del bosque oscuro y temido.

El ogro tocó un enorme árbol y todo se volvió claro y soleado, el cómo lo hizo ni el príncipe lo supo.

Los dos salieron del bosque y emprendieron cada uno su camino.

El bosque ya no era el " Bosque de las Almas Perdidas"; era el " Bosque Vivito"; todo claro y brillante.

Y colorín, colorado este cuento se ha terminado.







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